Te confieso amor que quieres extasiarme con tantos lugares recorridos y yo que no puedo dejar de admirar la forma de tus ojos que se posan sobre los míos; sonríes cuando te lo digo y tu gesto apretado dibuja un puchero sobre tus labios.
Me dices que me quieres y el Coliseo da un giro, pero es el vértigo de tus besos lo que me arranca del piso.
Roma no se hizo en un día y los trece que asignamos se nos extinguen en abrazos.
La noche cae como un manto sobre mi Italia bohemia; no hace frío, solo el fresco suficiente para darles a los enamorados el pretexto para andar abrazados por la larga avenida. A lo lejos, una música me llama y yo me dejo arrastrar por tu mano y sus acordes.
Quiero quedarme suspendida en el tiempo. A mi lado estas tu mi hermoso ángel; mi león dorado que has venido surcando mil mares para estar junto a mí.
Me gustaría recordarnos así. Porque de todas las parejas que se amaron fácil nosotros somos de los que nos tocó, después de todo, un increíble final feliz.
Tú conoces mis pecados, mis debilidades, lo que me quita el sueño y lo que me hace reír. El motivo de cada lágrima que derramo y para quién son los latidos de éste corazón que sin ti, no puede vivir.
Eres la lluvia fresca de todos mis veranos, mi café de las mañanas, el motor que le da a mis piernas la fuerza para irte a buscar.
Colmaste con claveles mis ayeres, me diste tus alas, me adivinas, me sientes.
Que te quiero, es bien sabido; que desde que estamos juntos ya no te digo voy a morir por ti, sino voy a vivir contigo…

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