—¡Ángela!…¡no hay shampoo!
—¡Cómo no va a haber si lo cambié ayer! Mira bien hombre, la botella está en el piso.
—Que no hay, te digo.
—Entonces usa la botellita que trajimos del último viaje, la verde que está junto a la ventana.
—No hay nada.
—¡Cómo no! Mira bien, es la pequeña que trajimos del hotel.
—Que no está te digo.
—¡Horror! Ustedes los hombres no pueden ver nada aunque lo tengan frente a los ojos.
—Entonces encuéntramela.
—No. Estoy leyendo
—¡Ángela…!
—Búscala, ya te dije dónde está.
—Que no la encuentro.
—¡¿Que tiene una que hacer para que la dejen leer en paz?!
—Ángela estoy perdiendo mi agua caliente.
La mujer dobla la punta de la página y deja el libro de mala gana, se calza con las pantuflas aterciopeladas y va arrastrando los pies mientras lo amenaza.
—Si está donde te dije te juro que te la reviento en la cabeza.
—Si mujer lo que digas pero ven ya que me congelo.
Abre la puerta del baño y el vapor le impide por unos segundos mirar con claridad.
Mete la mano a la regadera y a tientas busca junto a la ventana.
—Lo sabía —Le dice asiéndose del pequeño recipiente de inmediato –No sabes buscar.
Se asoma para verle la cara al marido con un gesto de superioridad pero él en lugar de encontrarse compungido le devuelve la misma expresión y Ángela le descubre ocultando su desnudez con la botella nueva de shampoo. Balbucea pero él le sonríe y la toma de la mano haciéndola entrar vestida bajo el cálido chorro.
—Anda mujer que esto se enfría.

No hay comentarios:
Publicar un comentario